domingo, 30 de noviembre de 2025

Migración

Mi padre, polaco por convicción y por nación, de manera no tan extraña nació en Detroit, Estado de Michigan, Estados Unidos de América, el día de San Jorge de 1915. Para ese entonces, Polonia no existía como estado. 

El Gran Ducado de Varsovia había asomado como entidad durante el oscuro lapso político que inició el año de 1795, cuando uno de los sistemas políticos más avanzados de la historia colapsó. Polonia volvería a la luz en 1918, tras más de un siglo de subyugación a los poderes prusiano y ruso.

Algún gran transatlántico, o a lo mejor un carguero que probablemente cubría la ruta Gdansk - Liverpool - New York, llevó a Antoni y Anna, sus padres, a América, en algún momento de la gran oleada migratoria de principios del siglo XX. Millones de inmigrantes entraron por Ellis Island.

Quizás viajaron separados o juntos; tal vez con una hija ya nacida en territorio polaco, o que nacería también en América.

La ola los arrastró hasta Detroit donde vivía un hermano de Antoni. Recuerdo que se llamaba Edward pero no conocí más detalles. Wojtek vivió en los Estados Unidos hasta 1919, cuando la familia volvió a la ya restablecida República de Polonia. 

Aún así, Polonía viviría una guerra con Rusia, una dictadura - por lo visto deseada - para poner un poco de orden político, una depresión económica mundial y un florecimiento cultural y social.

Su hermana Helena o Halina, mayor que Wojtek, a la que sin embargo le costaba reconocer autoridad: él era el varón y el consentido de su padre. 

Halina se casó con un médico, pero no sabemos mayor cosa de ellos dos, salvo que el marido, a comienzos de los años 30, defendía y ponderaba con entusiasmo el avance inconmensurable de la medicina moderna. 

Wojtek, muchacho despierto y adelantado, discrepaba. Insistía en que faltaba mucho por avanzar en ese campo, que apenas se arañaba la superficie del conocimiento médico, ante la condescendencia de su cuñado.

Ya iniciados sus estudios de medicina, el cuñado vino a reivindicar su posición, que esperaba ya consolidada por lo que había aprendido el menor hermano de Halina. 

Preguntó con sorna: 

- Bueno, Wojtek, entonces, ¿ya te has convencido de todo lo que ha avanzado la medicina? 

La respuesta fue típica de mi padre: 

- Yo pensaba que al menos habíamos hurgado bajo la piel, pero ahora veo que apenas estamos rascando la epidermis.

Tenía razón. La era de los antibióticos o los grandes avances en cirugía, cardiología o imágenes aún no había comenzado. 


1 comentario:

  1. Muy buena historia, para todos los tuvimos la oportunidad de conocerle, escuchar algo de esta historia..

    ResponderEliminar