Algún gran transatlántico, o a lo mejor un carguero que probablemente cubría la ruta Gdansk - Liverpool - New York, llevó a Antoni y Anna, sus padres, a América, en algún momento de la gran oleada migratoria de principios del siglo XX. Millones de inmigrantes entraron por Ellis Island.
A mediados del siglo XX un médico polaco dejó la Europa que salía de la guerra e inició sus aventuras en un país exótico, tropical, con sólo una palabra en español en su vocabulario: Toreador. Había nacido en "Detroit, Polonia", según el funcionario de inmigración...y esa es la primera de sus aventuras.
domingo, 30 de noviembre de 2025
Migración
Algún gran transatlántico, o a lo mejor un carguero que probablemente cubría la ruta Gdansk - Liverpool - New York, llevó a Antoni y Anna, sus padres, a América, en algún momento de la gran oleada migratoria de principios del siglo XX. Millones de inmigrantes entraron por Ellis Island.
miércoles, 22 de octubre de 2025
Por qué Venezuela
Mi padre llegó a Venezuela en 1948. Vino por avión, en un DC4 desde las Islas Bermudas. Esa fue la última escala de un vuelo que, originado en Alemania, cruzaría el Atlántico desde Londres con escalas en Terranova y Nueva York.
Sus pertenencias más pesadas y menos urgentes, vendrían por barco en dos enormes cajas de madera de roble, con destino final en el puerto de La Guaira.
El paradisíaco tropical y montañoso litoral venezolano, visto a través de las ventanas del DC-4, dio lugar a la realidad de chozas, chabolas y casuchas que flanqueaban el ascenso por la vieja carretera de La Guaira a Caracas.
La propia visión tropical y rural fue apagando el entusiasmo de su esposa, que soltaba tímidamente frases como "¡adónde me has traído!" o "¡vámonos de aquí, por favor!". Y eso, a pesar de venir de una Europa devastada.
El destino y su historia reciente
Doce años antes de aquella llegada, Juan Vicente Gómez, dictador y "capataz" de Venezuela, fallecía, según la historia oficial, el 17 de diciembre de 1935. Coincidencias impuestas o buscadas, el mismo día que, poco más de 100 años antes, había muerto Simón Bolívar, El Libertador y máximo héroe de la patria.
El General Gómez había nacido, ¡oh, confluencia de fechas! un 24 de julio, igual que el mismísimo Libertador. A Gómez, natural del Táchira, le siguió el general López Contreras, también tachirense, a quien se atribuye el inicio del proceso democratizador de la Venezuela postdictadura gomecista. Le sucedió a éste el general Isaías Medina Angarita, también tachirense, hasta 1945, cuando un golpe de estado, llevó al poder a una junta revolucionaria, a una asamblea constituyente y a elecciones en el año 47, de las que salió electo por voto universal, por fin, el escritor Rómulo Gallegos. Este fue derrocado por un alzamiento militar en 1948, llevado a cabo por los mismos militares que habían apoyado la revolución del 45.
Siempre he pensado que debió ser una contrariedad el hecho de arribar a un país que iniciaba un proceso democrático avanzado, un desarrollo social y económico sostenido, y encontrar que este proceso era amenazado por la inestabilidad política mediante el uso de la fuerza, traicionando la voluntad democrática. Luego, la historia mostraría otro destino.
Otro destino
La década siguiente fue paradójica: la más brillante en términos de desarrollo y crecimiento, pero la más oscura en términos de libertades.
Es verdad que cualquier cosa parecería mejor que el infierno vivido bajo el yugo nazi, sobre todo porque Polonia fue el país más violentado por esa maquinaria militar y política.
Desde su visión, Venezuela era un país exótico. Cuando era niño disfrutaba recorriendo el mundo sobre el globo terráqueo del estudio de su casa, siguendo rutas con su dedo, afrontando aventuras en África, la India o Sudamérica.
Continentes o subcontinentes inexplorados, selvas vírgenes, especies extrañas, leyendas y mitos. Hervía el espíritu aventurero estimulado por las historias de los exploradores ingleses, alemanes, escandinavos o franceses; por Julio Verne o Kipling, Shackleton o Amundsen.
Raíces y pertenencia
Mi padre nació en Detroit, Estados Unidos de América, un día de San Jorge de 1915. Sus padres, polacos, habían migrado a los Estados Unidos de América a principios del siglo XX como muchísimos coterráneos también lo habían hecho desde finales del siglo XIX.
La comunidad polaca en América era numerosa, activa, orgullosa de su identidad.
Polonia, como Estado, no existía desde 1795, pero la nación persistía: en la lengua, en la memoria y en el talento de sus hijos.
La polaca es una de las comunidades foráneas más grandes de ese gran país, Estados Unidos. Muchos polacos han tenido y tienen papeles prominentes en la vida americana, en su cultura, ciencias, deportes o política. Polonia no existía como estado, aunque sí como nación, conservando su lengua y cultura a pesar de su desaparición como país independiente desde 1795. Eso sin embargo no privó a la nación de genios como Chopin, Maria Sklodowska-Curie, Henrik Sienkiewicz o Joseph Conrad, quienes no escondieron nunca su origen y se enorgullecían del mismo.
Mi padre fue testigo de la muerte de un sistema y el surgimiento de otros. Creía en el futuro. Venezuela le ofreció un lugar donde fabricar ese futuro.
martes, 21 de octubre de 2025
¡Estas manos!
Finalmente consiguió tocar algún local. Algún bar como cualquier otra noche en un restaurante, en un pianobar, en una boite, a cambio de unos cuantos bolívares que no llegaban para pagar la pensión o para comer. La mayoría de las veces no alcanzaba para las dos cosas.
Al terminar se acercaron al violinista. "Nos gustaría oírle en privado. ¿Puede acompañarnos?"
sábado, 18 de octubre de 2025
Identificar sospechosos y culpables
Pero no: Estaba en el monte.
El cadáver yacía en el suelo. Junto a él, dos policías estadales, un guardia nacional y el prefecto del pueblo.
En los años cincuenta, el médico rural en el llano era obstetra, médico de familia, pediatra, sanitarista, forense, confesor, consejero y autoridad para lo que hiciera falta.
El prefecto, muy circunspecto, dijo:
- Pues, mire doctor. Necesitamos el levantamiento del occiso. Mírelo bien, mi doctor, porque esto es un caso de homicidio.
-- Ah, ¿Sí? -- respondió él, con su acento centroeuropeo, mientras ponía su maletín en el suelo y, arrodillado al lado del cadáver, sacaba sus instrumentos. Prosiguió:
A lo que el prefecto respondió:
-- Pues no, doctor, pero no tardaremos en encontrarlo -- dijo el prefecto, ya orgulloso de su autoridad --, que este tipo tenía algunas cuentas por ahí, así que tenemos algunos sospechosos. También tenemos una manera muy fácil. Una cosa que poco falla. Así lo descubriremos más rápido de lo que canta un gallo.
-- Explíqueme, por favor, que me interesa.
El prefecto, sorprendido por la pregunta, explicó:
-- Ya se lo digo -- continuó -- Primero, cogemos a unos cuantos hombres de por aquí. Los sospechosos, digamos. Entonces los ponemos a todos en fila mirando al muerto. Entonces, luego, los mandamos a pasar caminando por encima del cadáver, y listo.
-- No entiendo, ¡cómo que "listo"! -- contestó el médico, sorprendido por ese método que no había conocido, aunque no le faltaba experiencia con cadáveres, habiendo padecido la Segunda Guerra Mundial. Quizás su falta de conocimiento del idioma le impedía comprender.
-- ¡Muy fácil, doctor! ¡Me extraña que usted no lo sepa! Los tipos pasan por encima ¿no?
sábado, 4 de octubre de 2025
La adivina y la misión
La resistencia de Polonia ante los nazis era dura, constante, precaria y difícil. Los miembros de los grupos de partisanos, los restos del ejercito regular, devastado en pocos días por el poderío aleman, y los que recibían asistencia de las fuerzas soviéticas, intentaban organizarse, mantener posiciones y reforzar la moral.
Contaban con pocas armas, escasos suministros y un cerco cada vez más estrecho. A pesar de ello, tenían fuerzas de ataque, comandos, asistencia sanitaria, espionaje y contraespionaje.
Como en todo conflicto, era vital conocer la situación y los planes del enemigo.
En medio de la lucha partisana contra el invasor nazi, la guerra irregular de guerrillas y resistencia tomaba forma. Buscaba medios y recursos para producir el mayor daño al enemigo, para incomodarlo y hacerlo flejar.
- Tu hablas alemán ¿No?" preguntó Januzs.
- Sí, cuando estudiaba secundaria tuve que decidir entre estudiar alemán o inglés. Mi padre me aconsejó que, ya que Alemania tenía una disposición constante a la expansión y al conflicto, y eran nuestros enemigos naturales, sería más conveniente aprender alemán. Pensó que me serviría y no se equivocó. No sabes de las que me he salvado por eso.
- Bueno, Wojtek. Eres médico, tienes formación universitaria, tienes aspecto ario y hablas alemán. Necesitamos que te infiltres en una explotación agrícola para investigar los planes de producción, tanto alimentario como industriales.
A pocos kilómetros de Varsovia, un camino rural conducía el camión lentamente hasta ell portón de la finca. Era una hacienda con extensos campos de cultivo dispuestos en cuadrículas. No fue difícil adaptarse. Wojtek había asumido su papel de "ingeniero" y daba instrucciones con aparente competencia.
La vida transcurría en la finca. Wojtek participaba en las actividades económicas y laborales, pero también en las sociales. Como era lógico, compartía las noches de lectura, entretenimiento y música con los anfitriones, dueños o encargados y algunos visitantes.
Una noche cualquiera, en medio de una velada bastante animada en la que hubo algún pianista, los anfitriones e invitados se reunieron en uno de los salones de la casa. Una de las invitadas de la noche destacaba por sus dotes adivinatorias. Entre otras cosas, tenía la habilidad de leer la mano. Atendía a cada invitado frente a los demás, lo que derivó en una contagiosa y divertida escena llena de exabruptos, vergüenzas y sorpresas a medida que los invitados eran sometidos, con entusiasmo propio o animados por otros, al examen de la mujer, que acertaba con tanta frecuencia que asustaba a algunos y alegraba a otros.
Cuando le tocó a Wojtek se quedó pensativa, lo miró fijamente y le dijo algunas generalidades sin más: algunas parecían ciertas, otras no tanto. Como que había dejado alguna chica despechada en Alemania, o que tenía un automóvil de cualquier color. Wojtek asentía divertido ante los aciertos y negaba sonriendo los errores. Sabía que los "mentalistas", nigromantes o adivinos son grandes observadores que basan sus augurios, predicciones y vaticinios en probabilidades e intuiciones generales que se acercan a la realidad de acuerdo, también, a la disposición del cliente.
Eso lo sabía Wojtek hasta que, cuando ya se había dispersado la concurrencia en grupúsculos para conversar y compartir, fumar o beber, la adivina lo tomó del brazo discretamente, lo llevó a un rincón cercano a la chimenea y le soltó:
- Tu no eres quien dices ser. Tu haces algo para vivir que no es lo que pretendes en este sitio.
Él la miró entre la sorpresa, el estupor y su intento por disimular su emoción.
Ella continuó:
- Tu oficio es ayudar a la gente, no sé muy bien cómo, pero eso es lo que haces. No te preocupes, no te delataré, pero lo que haces aquí no es tu verdadera profesión. Eres hábil para las cosas prácticas, las actividades manuales y la técnica, pero eso no es a lo que te dedicas o para lo que te formaste. Tu fin en la vida es ayudar a las personas.
La habilidad técnica no tenía discusión. La había demostrado desde siempre, desde su época de estudiante de secundaria. Su vocación era evidente. Era médico, así que eso es lo que hacía, ayudar a las personas. Ella no tenía forma de saber ninguna de las dos cosas.
Wojtek se quedó mirándola, negándolo con cautela, sorprendido. Se alejó sin confirmar nada, sin dar pie a la sospecha.
Tan discreto fue que su misión terminó con éxito. Salió vivo y salvo.