sábado, 18 de octubre de 2025

Identificar sospechosos y culpables

Lo habían alcanzado dos disparos en el pecho; quién sabe cuánto tiempo agonizó. Lo cierto es que apareció muerto en un descampado, a la orilla del camino, aunque yo siempre lo imaginé en la sala de una casa. Una de esas casas del llano, con corredores exteriores al frente y los laterales, zaguán y un corredor interior, con su patio ajardinado central, el aljibe y las jaulas de los pájaros. No faltaría un solar, una mata de mango y unos rosales.
Pero no: Estaba en el monte.
El cadáver yacía en el suelo. Junto a él, dos policías estadales, un guardia nacional y el prefecto del pueblo. 
Los policías habían ido a buscar al médico a la medicatura -- que también le servía de vivienda --.
-- Dotor, lo necesitamos para que haga un levantamiento.
-- ¿Un levantamiento? respondió el médico, interrumpido en su consulta. 
- Sí, dotor, un muerto. Dos tiros en el pecho. Está ahí mismito, a la vera del camino.
En los años cincuenta, el médico rural en el llano era obstetra, médico de familia, pediatra, sanitarista, forense, confesor, consejero y autoridad para lo que hiciera falta.
El prefecto, muy circunspecto, dijo:
- Pues, mire doctor. Necesitamos el levantamiento del occiso. Mírelo bien, mi doctor, porque esto es un caso de homicidio.
-- Ah, ¿Sí? -- respondió él, con su acento centroeuropeo, mientras ponía su maletín en el suelo y, arrodillado al lado del cadáver, sacaba sus instrumentos. Prosiguió: 
-- ¿Hay algún sospechoso? ¿Ya saben quién lo mató?
A lo que el prefecto respondió:
-- Pues no, doctor, pero no tardaremos en encontrarlo -- dijo el prefecto, ya orgulloso de su autoridad --, que este tipo tenía algunas cuentas por ahí, así que tenemos algunos sospechosos. También tenemos una manera muy fácil. Una cosa que poco falla. Así lo descubriremos más rápido de lo que canta un gallo.
-- Explíqueme, por favor, que me interesa.
El prefecto, sorprendido por la pregunta, explicó:
-- Ya se lo digo -- continuó -- Primero, cogemos a unos cuantos hombres de por aquí. Los sospechosos, digamos. Entonces los ponemos a todos en fila mirando al muerto. Entonces, luego, los mandamos a pasar caminando por encima del cadáver, y listo.
-- No entiendo, ¡cómo que "listo"! -- contestó el médico, sorprendido por ese método que no había conocido, aunque no le faltaba experiencia con cadáveres, habiendo padecido la Segunda Guerra Mundial. Quizás su falta de conocimiento del idioma le impedía comprender. 
-- ¡Muy fácil, doctor! ¡Me extraña que usted no lo sepa! Los tipos pasan por encima ¿no?
-- Ajá
-- Entonces, si cuando pase uno, el muerto hace alguna cosa o un ruido, digamos un gas, lo tenemos.
El médico se quedó perplejo. Había visto la guerra, había visto cadáveres; pero no había oído nunca ese “método”. Aún así, inmediatamente pensó, "Por las dudas... yo no paso por encima de este cadáver".Fue el levantamiento de cadáver más cuidadoso que realizó ¡No fuera a ser que...!

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