sábado, 4 de octubre de 2025

La adivina y la misión

 La resistencia de Polonia ante los nazis era dura, constante, precaria y difícil. Los miembros de los grupos de partisanos, los restos del ejercito regular, devastado en pocos días por el poderío aleman, y los que recibían asistencia de las fuerzas soviéticas, intentaban organizarse, mantener posiciones y reforzar la moral. 

Contaban con pocas armas, escasos suministros y un cerco cada vez más estrecho. A pesar de ello, tenían fuerzas de ataque, comandos, asistencia sanitaria, espionaje y contraespionaje. 

Como en todo conflicto, era vital conocer la situación y los planes del enemigo. 

En medio de la lucha partisana contra el invasor nazi, la guerra irregular de guerrillas y resistencia tomaba forma. Buscaba medios y recursos para producir el mayor daño al enemigo, para incomodarlo y hacerlo flejar. 

- Tu hablas alemán ¿No?" preguntó Januzs. 

- Sí, cuando estudiaba secundaria tuve que decidir entre estudiar alemán o inglés. Mi padre me aconsejó que, ya que Alemania tenía una disposición constante a la expansión y al conflicto, y eran nuestros enemigos naturales, sería más conveniente aprender alemán. Pensó que me serviría y no se equivocó. No sabes de las que me he salvado por eso.

- Bueno, Wojtek. Eres médico, tienes formación universitaria, tienes aspecto ario y hablas alemán. Necesitamos que te infiltres en una explotación agrícola para investigar los planes de producción, tanto alimentario como industriales.

A pocos kilómetros de Varsovia, un camino rural conducía el camión lentamente hasta ell portón de la finca. Era una hacienda con extensos campos de cultivo dispuestos en cuadrículas. No fue difícil adaptarse. Wojtek había asumido su papel de "ingeniero" y daba instrucciones con aparente competencia. 

La vida transcurría en la finca. Wojtek participaba en las actividades económicas y laborales, pero también en las sociales. Como era lógico, compartía las noches de lectura, entretenimiento y música con los anfitriones, dueños o encargados y algunos visitantes.

Una noche cualquiera, en medio de una velada bastante animada en la que hubo algún pianista, los anfitriones e invitados se reunieron en uno de los salones de la casa. Una de las invitadas de la noche destacaba por sus dotes adivinatorias. Entre otras cosas, tenía la habilidad de leer la mano. Atendía a cada invitado frente a los demás, lo que derivó en una contagiosa y divertida escena llena de exabruptos, vergüenzas y sorpresas a medida que los invitados eran sometidos, con entusiasmo propio o animados por otros, al examen de la mujer, que acertaba con tanta frecuencia que asustaba a algunos y alegraba a otros. 

Cuando le tocó a Wojtek se quedó pensativa, lo miró fijamente y le dijo algunas generalidades sin más:  algunas parecían ciertas, otras no tanto. Como que había dejado alguna chica despechada en Alemania, o que tenía un automóvil de cualquier color. Wojtek asentía divertido ante los aciertos y negaba sonriendo los errores. Sabía que los "mentalistas", nigromantes o adivinos son grandes observadores que basan sus augurios, predicciones y vaticinios en probabilidades e intuiciones generales que se acercan a la realidad de acuerdo, también, a la disposición del cliente. 

Eso lo sabía Wojtek hasta que, cuando ya se había dispersado la concurrencia en grupúsculos para conversar y compartir, fumar o beber, la adivina lo tomó del brazo discretamente, lo llevó a un rincón cercano a la chimenea y le soltó: 

- Tu no eres quien dices ser. Tu haces algo para vivir que no es lo que pretendes en este sitio. 

Él la miró entre la sorpresa, el estupor y su intento por disimular su emoción. 

Ella continuó: 

- Tu oficio es ayudar a la gente, no sé muy bien cómo, pero eso es lo que haces. No te preocupes, no te delataré, pero lo que haces aquí no es tu verdadera profesión. Eres hábil para las cosas prácticas, las actividades manuales y la técnica, pero eso no es a lo que te dedicas o para lo que te formaste. Tu fin en la vida es ayudar a las personas.

La habilidad técnica no tenía discusión. La había demostrado desde siempre, desde su época de estudiante de secundaria. Su vocación era evidente. Era médico, así que eso es lo que hacía, ayudar a las personas. Ella no tenía forma de saber ninguna de las dos cosas. 

Wojtek se quedó mirándola, negándolo con cautela, sorprendido. Se alejó sin confirmar nada, sin dar pie a la sospecha. 

Tan discreto fue que su misión terminó con éxito. Salió vivo y salvo. 

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